Caminamos otra vez por un larguísimo pasillo blanco, con tanta luz, tan limpio. Agradecí escuchar el sonido de mis propios pasos, recordarme que yo no había abandonado este mundo. No dejaba de sorprenderme que, con toda la bajeza que yo había visto en mi profesión, entre tanto trapo sucio, mentira y traiciones que vi entre seres supuestamente humanos y de los que salí indemne, aquel polaco me estaba tocando el alma. ¿Por qué? Un pobre hombre mata al amante de su esposa... ¡Ya está! ¡No hay más! La vida es así... yo bien que lo sabía.
Al pasar junto a una gran cristalera, vi el jardín precioso, Waldo sonrió satisfecho. Al llegar ya a la enésima esquina, el médico dio un temeroso respingo, se resguardó en la pared y me llamó aparte.
- ¿Y ahora qué ocurre?
- Tengo que hacerle una advertencia. El hombre que está limpiando la habitación de su cliente... Es un neurótico obsesivo compulsivo de la limpieza, no haga la más mínima mención relativa a la higiene del Centro.
- ¿Y le tiene trabajando?
- Mi querido amigo eso no es trabajo... Es una terapia.
Llegan a la altura de la Habitación de Kazda, en un rótulo se lee:
KASDA VOSTOFF.
De la habitación sale un viejo calvo y cheposo que, al ir de espaldas con la fregona y un pañuelo que, a lo pirata, le tapa un ojo, choca con Marlon.
- ¿Todo limpio Andrew?- paternal Waldo
Andrew asiente con la cabeza y comienza a seguir la conversación de ambos como si de un partido de tenis se tratara. Ellos dos están ajenos a la atención que despiertan. Marlon repara en que cada habitación tiene dos literas.
- ¿Por qué hay dos literas...?
- ¿No pensará que juntamos dos loc...?
Miró a Andrew.
- ...Andrew, acabo de pasar por las Aulas de Terapia de Grupo y están ho-rro-ro-sas...¿vale?. Y luego llegáte con el mocho a la sala de las duchas frías.
Andrew salió entonces disparado con pasitos cortos y arrastrando la fregona. De repente, se volvió y desde el fondo del pasillo me dijo.
- ¿No vendrá a llevarse al polaco?
- ¿Por qué?
- Aquí no le hace daño nadie y además... Hizo lo que tenía que hacer.
- ¿Cómo lo sabe?
- Porque me lo contó.
Y se fue. Waldo llevó su dedo a la cabeza girándolo en su sien.
- Mis loquitos bellos.
La habitación es sencilla, un pequeño ventanillo en lo alto filtra un haz de luz proyectando la sombra de sus barrotes en el suelo. Una mesilla, útiles de jardinería y, en la esquina, el tronco del Brasil en su mismo “tiesto”, pero ahora florecido y esplendoroso.
Y un par de literas.
- Lo deee... las literas... mire, la Administración nos concede la subvención de acuerdo a la capacidad del centro...
Marlon pone un gesto de sarcasmo en su sonrisa.
- Entiendo...
Entré en la habitación de Kazda, Waldo se quedó mirando y tras darse cuenta de que no le hacía caso, se fue.
Me tumbé en la litera, quise ocupar el lugar donde Kazda ponía su cabeza y reposaba sus ideas, si aún las había. Quise sentir... y allí, de repente, descubrí que, entre el colchón de la litera de arriba y los muelles de la misma había algo que parecía un papel o... Dubitativamente fui acercando mi mano y deslizando aquel papel suavemente. Era una fotografía. El óxido ferruginoso de los muelles había dejado impresos en la foto la forma de los mismos, hasta parecer que la mujer del retrato estaba entre barrotes.
Sin ninguna duda era Laura Vojtêch.
En un rincón de la foto se leía algo escrito. “Preso aún del aire que tu última sombra ha dejado, que tan sólo eso para mí queda, tu sombra. No tú, entera, viva y junto a mí. Nunca, nunca más”
Un hilillo de tinta se deslizaba desde la última “s” del poema hasta el borde de la foto, justo donde yo tenía el dedo pulgar. Al retirarlo, observé que me había manchado de tinta aún fresca.
Cogí el primer transporte público, cualquiera pero que me alejara de allí y cuanto más lleno mejor. Dispuesto a inundarme de olores, quitarme de encima la asepsia, la nada de aquel hospital.
Miré mi mano con la tinta aún fresca en mis dedos.
Laura Vojtêch no iría a verle jamás... Tanto amor la había abrumado. Entendí a Kazda , un hombre del que nadie nunca recordaba su verdadero nombre, no se sabía casi ni de donde venía... ¿Qué había tenido en esta vida? A su mujer, el amor que dar y el que de ella recibía, su razón para vivir, la seguridad de amar y de quien le quería... Una vez roto este amor, rota su única unión con el mundo de los seres humanos... Ya no quería vivir con ellos...
Había llovido, y el suelo mojado poco a poco se secaba ayudado por el tímido sol y podía verse el comienzo del arco iris.
Una pareja se abrazaba, un niño lloraba y su madre acababa por cogerlo en brazos no sin antes darle una bofetada, vendedores callejeros, ruido...Vi a un hombre “buscando” su propio reflejo en el escaparate de unos grandes almacenes... Esa es la clase de personas que nosotros, Kazda y yo, somos... Necesitamos un espejo, porque si no, no hay nadie que nos mire, que nos busque.
No soy tan diferente de Kazda... Hubo un tiempo en el que yo tuve que decidir también, pude escoger entre su camino o seguir con los hombres, como si nada hubiese ocurrido, eso sí, teniéndoles miedo por el daño que podían hacerme... Opté por mi, por no amar a nadie excepto a mí mismo, no confiar en nadie, sólo en mí... Nadie podría hacerme daño, no les daría suficiente tiempo...
Quizá también yo sea otro catatónico, de otra manera ... Muchos de nosotros desarrollamos alguna catatonía propia, nuestro propio escudo frente a algunas clases de dolor...
Paseando por el Jackson Park, con la luz de aquel arco iris y con las primeras flores de Marzo pensé. ¿Y si las estaciones no fueran sino aromas o perfumes que se prolongan por un tiempo, y que si uno de esos olores, se saca de su tiempo, puede engañarnos y hacernos pensar que puede haber una Primavera durante el Otoño...?
Se empezó a nublar de nuevo ...Fue un pequeño momento de esperanza, nada más... Había que vivir, seguir viviendo.
Marlon Ignoto se pierde por el Parque.
Al pasar junto a una gran cristalera, vi el jardín precioso, Waldo sonrió satisfecho. Al llegar ya a la enésima esquina, el médico dio un temeroso respingo, se resguardó en la pared y me llamó aparte.
- ¿Y ahora qué ocurre?
- Tengo que hacerle una advertencia. El hombre que está limpiando la habitación de su cliente... Es un neurótico obsesivo compulsivo de la limpieza, no haga la más mínima mención relativa a la higiene del Centro.
- ¿Y le tiene trabajando?
- Mi querido amigo eso no es trabajo... Es una terapia.
Llegan a la altura de la Habitación de Kazda, en un rótulo se lee:
KASDA VOSTOFF.
De la habitación sale un viejo calvo y cheposo que, al ir de espaldas con la fregona y un pañuelo que, a lo pirata, le tapa un ojo, choca con Marlon.
- ¿Todo limpio Andrew?- paternal Waldo
Andrew asiente con la cabeza y comienza a seguir la conversación de ambos como si de un partido de tenis se tratara. Ellos dos están ajenos a la atención que despiertan. Marlon repara en que cada habitación tiene dos literas.
- ¿Por qué hay dos literas...?
- ¿No pensará que juntamos dos loc...?
Miró a Andrew.
- ...Andrew, acabo de pasar por las Aulas de Terapia de Grupo y están ho-rro-ro-sas...¿vale?. Y luego llegáte con el mocho a la sala de las duchas frías.
Andrew salió entonces disparado con pasitos cortos y arrastrando la fregona. De repente, se volvió y desde el fondo del pasillo me dijo.
- ¿No vendrá a llevarse al polaco?
- ¿Por qué?
- Aquí no le hace daño nadie y además... Hizo lo que tenía que hacer.
- ¿Cómo lo sabe?
- Porque me lo contó.
Y se fue. Waldo llevó su dedo a la cabeza girándolo en su sien.
- Mis loquitos bellos.
La habitación es sencilla, un pequeño ventanillo en lo alto filtra un haz de luz proyectando la sombra de sus barrotes en el suelo. Una mesilla, útiles de jardinería y, en la esquina, el tronco del Brasil en su mismo “tiesto”, pero ahora florecido y esplendoroso.
Y un par de literas.
- Lo deee... las literas... mire, la Administración nos concede la subvención de acuerdo a la capacidad del centro...
Marlon pone un gesto de sarcasmo en su sonrisa.
- Entiendo...
Entré en la habitación de Kazda, Waldo se quedó mirando y tras darse cuenta de que no le hacía caso, se fue.
Me tumbé en la litera, quise ocupar el lugar donde Kazda ponía su cabeza y reposaba sus ideas, si aún las había. Quise sentir... y allí, de repente, descubrí que, entre el colchón de la litera de arriba y los muelles de la misma había algo que parecía un papel o... Dubitativamente fui acercando mi mano y deslizando aquel papel suavemente. Era una fotografía. El óxido ferruginoso de los muelles había dejado impresos en la foto la forma de los mismos, hasta parecer que la mujer del retrato estaba entre barrotes.
Sin ninguna duda era Laura Vojtêch.
En un rincón de la foto se leía algo escrito. “Preso aún del aire que tu última sombra ha dejado, que tan sólo eso para mí queda, tu sombra. No tú, entera, viva y junto a mí. Nunca, nunca más”
Un hilillo de tinta se deslizaba desde la última “s” del poema hasta el borde de la foto, justo donde yo tenía el dedo pulgar. Al retirarlo, observé que me había manchado de tinta aún fresca.
Cogí el primer transporte público, cualquiera pero que me alejara de allí y cuanto más lleno mejor. Dispuesto a inundarme de olores, quitarme de encima la asepsia, la nada de aquel hospital.
Miré mi mano con la tinta aún fresca en mis dedos.
Laura Vojtêch no iría a verle jamás... Tanto amor la había abrumado. Entendí a Kazda , un hombre del que nadie nunca recordaba su verdadero nombre, no se sabía casi ni de donde venía... ¿Qué había tenido en esta vida? A su mujer, el amor que dar y el que de ella recibía, su razón para vivir, la seguridad de amar y de quien le quería... Una vez roto este amor, rota su única unión con el mundo de los seres humanos... Ya no quería vivir con ellos...
Había llovido, y el suelo mojado poco a poco se secaba ayudado por el tímido sol y podía verse el comienzo del arco iris.
Una pareja se abrazaba, un niño lloraba y su madre acababa por cogerlo en brazos no sin antes darle una bofetada, vendedores callejeros, ruido...Vi a un hombre “buscando” su propio reflejo en el escaparate de unos grandes almacenes... Esa es la clase de personas que nosotros, Kazda y yo, somos... Necesitamos un espejo, porque si no, no hay nadie que nos mire, que nos busque.
No soy tan diferente de Kazda... Hubo un tiempo en el que yo tuve que decidir también, pude escoger entre su camino o seguir con los hombres, como si nada hubiese ocurrido, eso sí, teniéndoles miedo por el daño que podían hacerme... Opté por mi, por no amar a nadie excepto a mí mismo, no confiar en nadie, sólo en mí... Nadie podría hacerme daño, no les daría suficiente tiempo...
Quizá también yo sea otro catatónico, de otra manera ... Muchos de nosotros desarrollamos alguna catatonía propia, nuestro propio escudo frente a algunas clases de dolor...
Paseando por el Jackson Park, con la luz de aquel arco iris y con las primeras flores de Marzo pensé. ¿Y si las estaciones no fueran sino aromas o perfumes que se prolongan por un tiempo, y que si uno de esos olores, se saca de su tiempo, puede engañarnos y hacernos pensar que puede haber una Primavera durante el Otoño...?
Se empezó a nublar de nuevo ...Fue un pequeño momento de esperanza, nada más... Había que vivir, seguir viviendo.
Marlon Ignoto se pierde por el Parque.

1 comentarios:
Muy chulo, sí señor. Y en cuatro entregas para mantener la emoción.
Por cierto... ¿cómo haces que cada vez que cambias de foto pones una que estás más guapo y más joven?
Abrazos y garbanzos
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