Esa noche, primera pelea de exhibición. Kensuke realizaba automáticamente su ritual de pelea, el Yokozuna dohyo-iri, una bella sinfonía de movimientos para espantar a los malos espíritus. Y de repente algo ocurrió, Kensuke miro por primera vez a su alrededor. Un niño gordo, muy gordo, acababa de vomitar en la fila cero. El aspecto del “niñón gomitado” era... como si hubiese reventado, le caía una larga barba de babas, algodón de azúcar, palomitas y restos de manzana caramelizada a lo largo de su recién estrenado niki de polo Paulph Laren... Y fue entonces y sólo entonces, fue cuando Kensuke se vio a sí mismo y miró como hacía muuuucho tiempo que no miraba. Su calzón, el kesho-amawashi, tenía muchas letras: Totoya, Soja Kiyuku, Potitos Blandine, Caixa Nipona... Y en el suelo del cuadrilátero un enorme... “Brandy 105, un coñac de peso”. Una chica corta, de ropa, llevaba un cartel anunciando la pelea, su camiseta, mejor “camiteta”, anunciaba en lo que viene a ser la parte pectoral una marca: Materia Prima...
Y Ken se preguntó... ¿Me peleo por todo esto? ¿Por todos estos?
Arrancó el combate con tal furia, que su contrincante salió volando hasta la quinta fila, yendo a caer encima de un empresario de Sabadell, Don Ernest Rius, gran amante del Sumo desde una visita que hizo al Japón, allá en el 54, cuando su negocio de textil (“Rius de Tela”) barajaba el tema de la seda... Colateralmente también un brazo del caído en combate, el izquierdo, arreó un buen bofetón pasivo a la Señorita que acompañaba a Don Ernest, de nombre profesional “La Chupi”. El espectador de la derecha tuvo tiempo de apartarse, es lo que siempre ha tenido la derecha, sabe lo que se le puede venir encima...
De vuelta al Hotel, Kensuke, solo, con Oda al volante (de Horacio), empezó a mirar por primera vez en años a su alrededor. Vio luz, vida, vio otra gente, que reía, lloraba... o sencillamente caminaba sin expresión, pero se movían por sí mismos. Puso su nariz en el cristal tintado, sus manos rechonchas y una lágrima suya fue buscando su surco propio de la nariz al mentón de Ken.
De repente, ¡tantas cosas ocurren de repente! ¡Y qué sigan así ocurriendo, por favor!... Un policía urbano se picó con un taxista, le pidió papeles dándole igual que con ello bloqueara el tráfico, la limusina quedó parada... y la casualidad hizo que fuese el parón en la calle Aribau, frente a la clínica del Doctor Joan Pujol- Dalmau, hijo, nieto, biznieto y tataranieto de la médica saga Pujol- Dalmau...
Carmen salía en ese momento de la clínica. Le esperaba Françesc, su novio.
Era el tal Françesc uno de esos novios que pueden, perfectamente, encontrarse metidos en una lata de Colonia elegante, de esas que hacen anuncios tipo: “Yo, ella, mi aroma, una isla desierta y punto” Calvin Kloan, Porque me da la gana” Logotipo de letras plateadas sobre un fondo plata más apagado. ¿No tienen ustedes alguna lata de esas de una colonia elegante? Esas que no se tiran... ¿Por qué? Nunca se sabe, son monas y da cosa.
Françesc, todo hay que decirlo, olía bien, en consecuencia, medía lo que tenía que medir un buen perfume, su 1´85, pesaba lo que un aroma debe, era delgado cuan esencia de pitiminí, rubio no oxigenado y químico de profesión. Heredero de una familia con empresa propia, La Puig Química... La verdad, era un buen novio... si no fuera porque Mamen no le quería.
Besóla, él a ella, porque ella hizo un posado breve, fugaz, de cumplimiento (del castellano cumplo y miento) sobre algo que llamaban labios. La montó a grupas de su Kawasoki 500 y llevó a otro lado geométrico de la ciudad, por la Diagonal al Paralelo...
Oda vio que Kensuke quedaba embelesado por la muchacha y le dijo que se llamaba Carmen Pujol Dalmau, hija del Doctor Joan Pujol- Dalmau, hijo, nieto, biznieto y tataranieto de la médica saga Pujol- Dalmau. Era cirujana, muy famosa, era capaz de cambiar a una persona hasta que ni su propia madre la conociera.
¿Ah Si?... contestó Ken.
ﻹظ?... Volvió a Preguntar
A la mañana siguiente, Kensuke llamó discretamente (todo lo que ese pedazo de mano podía) a la puerta de Oda. Éste salió adormilado, con tan sólo un slip de imitación piel de lince ibérico.
... Y es que no estaba sólo, Oda era un auténtico Casanova, durante los diez años que llevaba en España, y basándose en eso que se llama “desmentido ambiguo”, había, mediante un estudiado método publicitario, hecho que se corriera la voz sobre sus dotes y dotación sexual, lo cual unido a su condición oriental, la fama que los mismos tienen (véase “El Imperio de los Sentidos) y definitivamente una espiritualidad que llevaba al rumor boca a boca de: “Chica, es que me ha hecho ver el cielo”. Todo este curriculum vitae le valió para que no hubiese “jóvena” que se le resistiera.
- Aún son las siete, Señor Nishimura- dijo el dueño del “abanderado” atigrado.
- ¿Y?- Respondió desde lo profundo de la incomprensión el luchador.
- Que no abren consulta hasta las 10- Tiritaba Oda
- A esa hora mi padre ya sabrá que me he ido, vayamos y esperemos allí-
No cogieron la limusina, para estos casos en los que se juega con la discreción, un utilitario va más. Lo difícil fue encontrar un taxi “capaz” para Kensuke. Hasta que llegó una vanette “Gran Space” de esas, pasaron minutos interminables, a cada silbido del recepcionista del hotel llamando un nuevo taxi, Kensuke temblaba, y con él toda la recepción del hotel, por si su padre escuchara el concierto en silbo mayor que estaba dándose. Luego hubo que desmontar una fila de asientos, hinchar más las ruedas en una gasolinera y sudar, sudo hasta yo escribiéndolo.
La Sala de espera era Salita, mucho Calle Aribau, Mucho Doctor Joan Pujol- Dalmau, hijo, nieto, biznieto y tataranieto de la médica saga Pujol- Dalmau, pero el tío había racaneado en Sala que no veas. Lo cual había ganado en habitaciones y quirófanos. En vez de revistas había propaganda de la que se reparte por los buzones.
Kensuke estuvo sentado en un banco de esos de madera traídos del gimnasio de rehabilitación... y aún así rompió los tres travesaños del banco.
Pero fue el primero, a las diez en punto.
Entró a lo egipcio (de perfil quiero decir) en la consulta, acompañado de Oda.
Carmen ni le miraba al principio, revisaba papeles de ayer y yo creo que aún le daba vueltas a la tediosa noche anterior, cenando con su novio y sus amigos Françescanos, en el Club Náutico Port Molt Fort . Ellos y ellas eran clónicos, hijos “probéticos” de los primeros Adán y Eva pijos. El libro del Génesis pijo, según cuenta el profeta Osea, relata cómo los primeros habitantes de tal condición, vivían en una “urba” supermega, se desplazaban en troncomóvil GTI y su ADN se había transmitido en la sangre de un cocodrilo, de ahí los “Lacoste”, que les devoró durante un crucero por el Nilo.
Carmen recordaba que había cenado langosta con salsa romescu con trufas de Huesca... Y recordaba, al mismo nivel jerárquico de importancia, cómo Françesc al despedirse y subir con pericia el estribo de su moto, le había dicho: “¿Sabes tía?, creo que te quiero”
El muy gilipoyas cree que..
Y arrancó...
De vuelta a la consulta.
Oda arrancó a hablar y sacó a Carmen de sus recuerdos.
Al alzar su mirada, Mamencita contempló un hombre inmenso hecho un mar de lágrimas, hablaba a golpes de palabra, interrumpido por la traducción casi simultánea de Oda, que llevado de la simpatía que tenía por el sumotori, el cariño y su afán porque la traducción no sólo fuese literal en lo semántico sino también en lo sentimental, se puso a llorar también.
Kensuke le contó su vida.
Y Carmen, sin saber por qué, acabó también llorando.
-En resumen Señorita Pujol- Dalmau, el Señor Kensuke Nishimura lo que quiere es ser delgado- Concluyó Oda.
- Estar delgado- Corrigió la Doctora.
- En este caso, ser y estar es lo mismo- Justificóse el asistente.
Se produjo un silencio incómodo, largo, lógicamente vacío. Ese tipo de silencio.
Se produjo un silencio tal que, en este preciso instante, transforma este cuento en un relato de Horror, de Horror Vacui...
De repente, con una de esas voces que nos salen de dentro, que empiezan en hilo y acaban en soga de ahorcar... Kensuke soltó un monólogo de tres minutos que Oda, azorado, resumió...
- Le pregunta, Señorita, si usted le comprende, si no ha soñado con ser otro tipo de persona en la vida...
Carmen empezó a llorar, sin parar, no hubo horror vacui esta vez porque sus lágrimas, de alguna manera, llenaban el silencio de años, de sueños y de anhelos. Y eso, a veces, hace mucho ruido.
- Toda mi vida, tradúzcale por favor, toda mi vida he querido ser una cosa... Hada madrina...
La cara de Ken se iba transformando.
- Y hoy usted me permite serlo y por ello, le concedo su deseo.
Oda, como en un partido de tenis, miraba a ambos.
- Le ayudaré a adelgazar Señor Nishimura.
Con su bolígrafo dio un golpe de varita mágica en el estómago de Ken.
Y así, la Clínica de la Calle Aribau, del Doctor Joan Pujol- Dalmau, hijo, nieto, biznieto y tataranieto de la médica saga Pujol- Dalmau, convirtió a Kensuke Nishimura en un Asilado Dietético.
Queda, advierto que a éste que escribe le queda también por saber, qué dirá el padre de Ken de todo esto, que dirá el Doctor....¡ese! de todo esto... y queda por saber, si estamos ante una historia de amor, la historia de una reconstrucción de dos corazones...
Queda
Ahí queda.
domingo 11 de noviembre de 2007
Kontinualá II y sacabó
Publicado por
Pax
en
12:27
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6 comentarios:
Mi consejo es que estos cuentos los pongas o en cuatro entregas, o con un enlace para descargar y poder imprimir. para un post, yo creo que resulta un poco largo.
Y eso siendo tan chula la historia.
Y con esa portada en alemán ;)
Como dijo Atikus en su contestación a Angel, Besos, abrazos y garbanzos.
Gracias, ya me has alegrado la mañana. Y eso para un lunes....es mucho decir. Ahora me dejas intrigada con lo que va a pasar...espero con impaciencia... Ahhhh, y tu ponlo como quieras...(no le hagas ni caso al futuro bloguero, ja,ja,ja, en entregas,todo junto, como te de la gana...pero sigue escribiendo, vale???
Me gusta la idea de cuatro entregas. Lo del enlace no sé hacerlo. A ver si en Enero me pongo en la investigación... Esa portada en alemán es porque fué el proyecto que me becaron para Berlin y no pudo ser. No quise que fuera.
Me olvidaba de decirte, que mucho mejor esta foto nueva....
Mi consejo es que publiques estos cuentos.
Con los beneficios me invitas a un chuletón en Arboliz y te dejas de chorradas.
Tatxunda, tatxunda... Guapo
Hola Forlaio!
DE aquel gloriosos equipo. ¿Quién eres?
Porque los cuentos, en un mal libro encuadernado humildemente... ya los publiqué y me extrañaría que no los tuvieras.
Un abrazo
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