miércoles 28 de noviembre de 2007

CATATONICO - Capítulo II


No soy muy popular entre mis compañeros de profesión, hablan mal de mis métodos, mis formas y mi “teatro”, así lo llaman, hablan de sus envidias en fin. Así que cuando terminó el juicio me quedé sólo en aquella sala recogiendo mis papeles.
- Disculpe ¿Es usted... es usted el Sr. Marlon Ignoto?
A unos pasos de distancia, un hombrecillo. Estaba de pié frente a una de las ventanas, parecía haber concentrado toda la luz en su rostro, los rayos que se filtran a través de las nubes tras la tormenta habían encontrado en él su descanso. Como si de una estatua de sal se tratase, permanecía quieto, sin mover un sólo músculo. No tendría más de cuarenta años. Sudaba abundantemente y sostenía un viejo canotier, adoptando la pose del perrillo que ha recogido el sombrero tras una larga carrera y la lleva a su amo. Sin mirarle y pasando a su lado camino del despacho, le contesté.
- No hay otro Ignoto.
Él siguió quieto, sólo aumentó levemente el volumen de su voz.
- Estoy buscando un abogado y alguien me dijo que usted es el mejor...
No contesté, no hacía falta.
El hombrecito me tendió la mano, por primera vez le miré con real atención. No era sin duda americano, su acento dulce deslizaba con mimo cada una de sus palabras. Volví sobre mis pasos.
- Bueno es que... desearía solicitar sus servicios.
Sin moverse de su sitio, inclinó su cuerpo para acercarse a mis oídos. Era de esas personas que, cuando intentan el susurro, no lo consiguen. Pese a todo, pese a que estábamos solos en toda la sala, intentó hacerlo y me confesó.
- Es un caso de asesinato.
- Mire Señor... ¿Señor?
- Vojtêch, Kazda Vojtêch, soy polaco.
- Bien Señor Voz...
- Vojtêch, con “uve”, “o”, “j”...
- ¡Esta bien! Dejémoslo en Señor... Yo no soy abogado criminalista, sin embargo, eso es más propio del Sr. Perry Manson que...
Enrabietado, su rostro se enrojeció, llegó incluso a asustarme.
- ¡¡No, no, no...!! El Sr. Manson no quiso atenderme, al contarle de qué se trataba comenzó a reír, diciéndome que tan sólo trabajaría en ello... si fuese un guión de cine ¡¡Cine!! Como si... no, no me respetó. Ni siquiera supo decir bien mi nombre.
Algo que, honestamente, no debiera llamar curiosidad profesional, se apoderó de mí. Me atraen las personas que desde la más absoluta de las calmas son capaces de una explosión en escasos segundos, esa aceleración en décimas de ídem.
- Dispare entonces. ¿De qué se trata?
- Voy a matar a una persona Señor Ignoto.
No lo dijo con gravedad, hasta parecía una consecuencia lógica, una conclusión, un final redondo. Yo, con una media sonrisa me quedé inmóvil.
- No es fácil...me cuesta decirlo...pero...mi esposa me engaña y...
Le agarré del brazo, seguramente haciéndole daño y casi, sin el casi, le arrastré a un lado de la vacía sala, allí, repetí el ridículo “gesto” suyo de hablar en voz baja. Él estaba asustado, había perdido la luz de antes.
- Señor Kazda... Hay otras maneras de llevar esto del honor... uno no puede ir matando esposas infieles. Créame que no se acabaría nunca. Yo además conocería a muchas de las víctimas.
- Es que no me ha entendido... No voy a matarla a ella... Voy a matarle a él, a su amante... Helena no merece que nadie le trate así. Le promete y le dice que la ama, que no hay nada más para él en este mundo... pero yo sé que él la engaña, con otra…bueno, con muchas otras
Se produjo un silencio interminable. Solté su brazo y él estiró un poco su ropa y ayudado del sombrero de paja se sacudió el traje, dejándolo aún más lleno de briznas del deshilachado “jipijapa”.
- A ella la comprendo ¿sabe?. Yo me he dedicado todo el tiempo a trabajar... para ella si, pero... Es muy difícil hacer feliz a una mujer... y es complicado hacer que a uno le quieran. A veces pienso que la quiero tanto, que sólo con mi amor bastaría, pero no es así. Si fuera suficiente con el cariño de uno sólo... con el mío... pues... seguramente ella no lo hubiera hecho.
Salí de aquello con la actitud de un funcionario cuando no entiende al ciudadano del otro lado de la ventanilla; cambiando de impreso y dándole cita para otro día.
- Vamos... Vamos a hacer una cosa Señor Kazda... voy a darle mi tarjeta, le apuntaré el teléfono de mi despacho y en otro momento...
Kazda estaba ya abandonando la sala. Las puertas que nos separan del público, esas que baten como las de un antiguo Saloon de Far West, chirriaban rítmicamente. Kazda acertó a colocar sus palabras entre ir y venir de gozne. Se volvió.
- Sabrá usted de mí y sé que en su momento entenderá todo. Lo sé.
Se despidió con su sombrero de paja, al modo que el mismísimo Fred Astaire lo hubiera hecho.
Yo manché el bolsillo de mi camisa con tinta de mi pluma al intentar volverla a colocar en su sitio.

TRES DISPAROS SECOS, tres fogonazos.
Me desperté sobresaltado, una pesadilla a la que no encontraba sentido había roto mi racha de varios meses de profundo descanso. La ausencia de conciencia priva a uno de malos sueños.
En mi habitación en penumbra, sólo perturbada por el luminoso del Jazz Club de enfrente, adiviné que Mary Jane dormía a mi lado. La cama era amplia, tanto que las personas que allí yacen no tenían por qué necesariamente tocarse. De hecho hacía ya dos meses que no le ponía la mano encima. ¿Quién iba a hacerlo con una mujer que llevaba el mismo camisón rosa, rosa en su origen, desde hace meses y cuyo perfume era lo más cercano al del Bourbon más barato de Tenesse.
Recordé mi antigua cama, mi antigua vida en otro lugar y mi única mujer... Todo tan distinto.
“Chucho”, mi basset hound, me miraba triste y yo diría que también parecía reprocharme mi actual transacción amorosa.
¡¡RIIING RIIIING!!
- ¡Coge tu! Ningún amigo mío llamaría a estas horas- espetó M.J.
- ¿Aló? Ignoto al habla.
- Disculpa Marlon, soy Bob Raferty, FBI... ¿Conoces a alguien en Kankakee?
Recordaba haber estado alguna vez allí pescando... o quizá de pic-nic con alguna muñeca. Pero dudo que conociese a nadie... de no ser el dueño del Motel.
- Esta noche un tipo que te conocía ha descargado plomo sobre un fulano. Al detenerle, hemos encontrado en su bolsillo un recorte de periódico que habla de ti y de no sé qué caso de un trapecista. El tipo ha sido certero, bang, bang, bang, tres disparos... un tal Kasda Vortem.
- ¿Vojtêch, Kazda Vojtêch?- dije en perfecto polaco.
- Eso, Vojtensh. Si le conocías tendrás que acercarte por aquí cuanto antes.
Click.
... Me vestí lentamente aún dándole vueltas a mi sueño y a la noticia de aquel crimen anunciado.
Mary Jane, con todo su maquillaje ya ajado y con el parpadeo del neón traicionándola sin piedad, se volvió hacia mí.
- ¿Te vas?
Mientras, sin esperar a la primera sílaba de mi respuesta, ella tomaba posesión inmediata del centro de la cama. El perro hizo ademán de subirse a la cama, pero ella le echó con un gesto.
- Si... y por cierto. Como no quiero que te enfríes, mañana, y en este orden, cambias las sábanas, haces las maletas y te largas.
- Umm, umm.
Esa fue toda su respuesta. Desde la puerta, pensando que quizá había sido un tanto brusco, le dije:
- Es que... creo que esto nuestro no funciona...