A más de 7.000 Kilómetros, años antes y en Berlín Oeste, El Doctor Wolfgang Von Schönenburg, hijo, nieto, biznieto y tataranieto de la médica saga Von Schönenburg, de la Clínica Schönenburg, en Zehlendorf, Berlín Occidental, con la emoción contenida y el omnipresente “Gründlichtkeit”[1] alemán, comunicó a sus más próximos colaboradores: “-Ha nacido una cirujana-“
Katharina, que así vino a llamarse la niña, creció en condiciones equitativas de alimento. Eso sí, su educación fué orientada, tanto así que su padre jamás llamó a sus hijos por su nombre, para él eran; Mi hijo el Oftalmólogo, el Cardiólogo, El Pediatra, El Oncólogo, El Interno, El Neurólogo, El Otorrino, El Podólogo y su pequeña cirujana. Cualquier comida familiar no vegetariana se convertía en una disección forense.
Llegó un día la pequeña Kathrinchen inundada en lágrimas del colegio. Su padre estaba en la Clínica, pero hizo un alto entre una apendicitis y una vesícula.
“-No me han dado el papel de hada madrina en la obra del colegio- Entre palabra y palabra un sorbete de mocos.
-¿Y cuál te han dado? – dijo el alto Galeno.
-De Doctor, con bigote negro, chistera, levita y maletín negro. ¡Padre!, soy una niña y quería el vestido blanco, vaporoso y la varita mágica- dijo con energía Kathi.
-Mi querida cirujana- cogiéndola de las manos- Estas manos son tu varita mágica, aquí está tu vida y la de todos aquellos a los que salvarás con ellas.
-Pero queda mucho para eso, mientras... ¿Podría ser un hada madrina mientras?- Dijo entre mimos.”
En Noviembre de 1989, el Aeropuerto de Schoenenfeld, Berlín DDR, se viste de gala para la llegada de la Delegación de la República Popular China que participará en un torneo de exhibición de Sumo. Con la presencia de Miembros del Comité central en su área de Deportes, el Embajador Chino en Berlín y tras la alegre interpretación del Himno Chino Yìyǒngjūn Jìnxíngqús y el alemán “Aufferstanden aus Ruinen”[2], la gran promesa Yông Shì Nishimura se encamina al Gran Hotel Potemkin, antes llamado Gran Hotel Lenin y previamente llamado Gran Hotel Bismarck.
Al volante de un Trabbant Limousine amarillo reforzado, va su conductor y traductor, un japonés llamado Oda. ¿Qué hace un japonés en la DDR? Básicamente...el amor, obsesionado por las rubias, grandes y de ojos azules, vino detrás de una tal Dagmar Schmidt... y luego siguió corriendo y alcanzando a Brigitte, Elfrieda, Utte, Gabi... Tiene un éxito arrollador, lo oriental es “fesch”, elegante.
Mientras cruzan las vacías avenidas de Berlín bajo una luz mortecina, Oda va explicando a Yông cada uno de los monumentos. Pero Yông no escucha. ¡Qué importa esta ciudad u otra! El viene aquí a lo de siempre, a pelear.
La noche siguiente se celebra el primer combate. Los Sumos japoneses realmente son imponentes y están muy seguros de sí mismos, sus Mawashi (Cintos) de colores espectaculares y vistosos, sus Oicho (Moños) son auténticas obras de arte. En el centro del dohyo[3], mientras el luchador japonés Ashaszuma, lleva a cabo el ritual preparativo extendiendo los brazos, aplastando el suelo con sus pies, al lanzar puñados de sal para purificar el suelo, retador, hace que alguno caiga en el espacio de Yông... Éste, en cambio, efectúa su precalentamiento despacio, metódico y sus ojos siguen perdidos más allá del Max Schemelling Halle y casi más allá de este mundo.
La lucha termina en escasos segundos, el primer arranque de Yông Shì es un salto rápido y ágil, y golpea con la mano abierta el dorso del nipón, que se precipita hasta la quinta fila, yendo a caer encima de un funcionario de la Stasi ante la ovación del público. Yông ha vencido al japonés y también ha aplastado metafóricamente a la Stasi.
Durante el Torneo[4], las intervenciones de Yông se cuentan por victorias y hasta hay apuestas, pero no sobre cuánto durará el contrincante, sino sobre la zona donde caerá el japonés humillado. Pero Yông no gana, sólo pelea.
La mañana del decimosegundo combate, lunes 6 de Noviembre de 1989, mientras se dirigen al entreno, el Trabbant se encuentra una caravana de coches detenidos. Oda, para pasar el rato, le empieza a contar su última conquista (la duodécima en doce días). El padre de Yông dice al conductor que su hijo no necesita que nadie le desconcentre con fantasías y obscenidades.
La razón por la que están parados es el paso de un grupo de niños por la Karl Marx Alle. Las pupilas de nuestro luchador, comienzan a desplazarse al ritmo de un niño gordote que, con dificultad, camina cruzando la carretera. Entonces, una mano le coge y una joven se pone en cuclillas frente a él. El niño está llorando, la joven es de una belleza que Yông jamás había visto... Ella, en un intento de consolar al niño, le intenta coger en brazos, en el esfuerzo, su falda se levanta dejando ver un poco de su muslo, el dibujo de la costura de su media.
Yông nota crecer en su rostro el rubor, e incluso se incorpora un poco en el asiento, lo que hace que todo el Trabbant se balancee. El padre, que se da cuenta de lo que sucede e insta a Oda a que acelere.
Yông no entrena esa mañana como siempre, ese infinito en su mirada, está hoy mucho más cerca. El padre le recuerda para qué todos estos años. A lo que por primera vez el Sumo contesta: “¡¿Para qué padre?!¿Para quién?”! No para mi padre”. El Oyakata se marcha. Entonces, Oda, se acerca y le cuenta que puede enterarse del nombre de la muchacha. Yông, con una sonrisa enorme, de una palmada derriba a Oda.
Esa noche, por supuesto, Yông vence.
A la mañana siguiente, martes 7 de Noviembre, Yông recibe el informe de Oda. Se llama Katharina Von Schönenburg. Es Cirujana...y Endocrinóloga. Todas las semanas, Lunes, Miércoles Y Viernes, tiene permiso especial para cruzar el Muro y visitar a los niños de los colegios de ese lado.
Esa misma tarde, al otro lado del muro, Katharina sale de la clínica de la Familia Von Schönenburg, en la puerta le espera Jürgen Maximillian Von Riedemann. Es un muchacho objetivamente guapo y objetivamente estúpido. Heredero de La Von Riedemann Química. Los Von Schönenburg están contentos con los Von Riedemann. Es un buen partido como novio... si no fuera porque Katharina no le quiere.
Él propone una súper sorpresa. Acelerando su Porsche le lleva al otro Berlín. Papá le ha conseguido un permiso especial para llevarla al Max Schmelling Halle, donde unos tipos súper gordos se empujan hasta caerse.
Yông la imagina continuamente con ese niño en brazos y ese niño es él... hasta que despierta en medio del rugido del graderío, Sharaku le tiene abrazado e intenta hacerle una zancadilla y derribarlo. De repente, en el patio de butacas escucha a Jürgen Maximillian, quien lleva cogida de una mano a Katharina, mientras pasa entre las piernas del público molestando. Aquella visión, hace que con toda su furia, Yông lance volando hacia el patio de butacas a su contrincante, exactamente sobre la silla que Jürgen iba a ocupar. El corazón de Yông Shì late fuerte y el de Katharina comienza a latir cuando su mirada se encuentra con la de él, hasta quedar sólo presentes dos corazones.
El padre del luchador, consciente de lo que está pasando, se lo lleva a rastras. Katharina ha quedado impresionada.
Son las 6 de la mañana del miércoles 8 de Noviembre de 1989. La puerta de casa de Oda está a punto de venirse abajo. Yông, quiere que le lleve a la consulta de la Doctora Von Schönenburg. Es miércoles y ha cruzado el Muro.
Katharina revisa papeles de ayer y yo creo que aún revisa su vida, también está en ese infinito que recordamos de otros ojos. Y piensa aún más en la mirada de aquel hombretón de ayer, el sumo que... ¡precisamente ahora está frente a ella!...Oda arranca a hablar y Kathrinchen contempla aquel hombre inmenso hecho un mar de lágrimas que habla tan sólo interrumpido por la traducción simultánea y también sentimental de Oda llorando. Katharina, sin saber por qué, acaba también llorando.
“-En resumen Señorita Von Schönenburg, el Señor Yông Shì Nishimura lo que quiere es ser delgado y le pregunta, si usted no ha soñado con ser otro tipo de persona en la vida” concluye Oda.
Katharina vuelve a llorar... “Dígale que, toda mi vida he querido ser una cosa: Hada madrina...Y hoy usted me permite serlo y por ello, le concedo su deseo”
Con su bolígrafo da un golpe de varita mágica en el estómago de Yông... Pero hay un problema, para seguir ese tratamiento, ha de ser en su clínica de Berlín Occidental. Yông Shì necesita convertirse en un Asilado político para ser un Asilado dietético.
Esa misma noche, la del décimo cuarto combate, Yông, elimina a su penúltimo contrincante en cinco segundos...Ya sólo queda una pelea y da la casualidad de que su próximo contrincante también ha ganado todos los combates, por lo tanto, de aquella pelea saldrá el vencedor. Cuando los japoneses van a coger el autobús a su hotel en el Berlín Oeste, Oda se acerca con Yông, quiere hablar con el Yokozuna Goufeng japonés.
La mañana del combate decisivo, la del Jueves 9 de Noviembre de 1989. El Sumo abraza a su padre, mientras le dice que recuerde por qué peleó su abuelo, por amor ¿Verdad?... pues él hará lo mismo. Y le pide que le haga caso y le escuche lentamente.
La noche estelar, lo más granado del gobierno de la DDR, la Stasi con Herbert Ulrichter frente a sus jefes y representantes del Gobierno popular chino. Un Max Schmelling Halle a rebosar, los contendientes salen al dohyo en medio de un griterío ensordecedor. Ulrichter observa algo extraño, en el rincón cercano a Yông no está su padre. Katharina, mientras, lo ve en un bar en la calle, en el Berlín Occidental.
Comienza el combate, los rivales de agarran fuertemente. Pero ocurre algo entre ellos, mientras Yông se deja arrinconar al borde del Dohyo, Goufeng tampoco empuja lo suficiente. El Juez dicta un mizuiri[5]. Goufeng, jadeante, recuperando la respiración... Yông igual, pero sin dejarle de mirar fijamente, junta las dos manos y hace una señal al Yokozuna japonés. El juez ordena a los contendientes que reinicien el combate. En ese momento, Goufeng arranca con tal ira que empuja a Yông y este sale volando hasta acabar encima de Herbert Ulrichter, aplastándolo.
En el aeropuerto, El padre, entre lágrimas, ve el final de la pelea.
Minutos más tarde. Un autobús circula por las calles de Berlín Este camino al Check point Charlie. En su interior, mezclado entre el resto de los sumos japoneses[6], viaja Yông en el lugar del campeón Goufeng que se ha quedado en el pabellón atendiendo a la prensa. A una distancia razonable, les sigue Oda en su coche, haciendo con un walkie talkie las labores de traductor al luchador chino. Sheotong, otro sumo, le dice lo difícil que fue para ellos ganar de esa manera pero que... Antes está la libertad que ninguna otra cosa.
Al llegar al check point, los policías suben al autobús, allí sólo ven hombres gordos y de ojos rasgados, todos son iguales. Sin embargo, la mala suerte ha querido que uno de ellos sea de origen Mongol y gran aficionado al Sumo y no encuentra a Goufeng. Uno a uno van comprobando los datos en la calle, hasta llegar a Yông... El mando dice que le pregunte algo sencillo, en japonés, a la traductora. Esta, al llegar a Yông le hace la pregunta cuya respuesta está convenida. El mongol no lo entiende, pero cuando va a subir al autobús Yông, le desea buena suerte en chino y nuestro protagonista cae en la trampa contestando en su idioma[7]. Se monta un buen jaleo, los Sumos japoneses golpean los ventanales, llega Oda, gritando en voz alta y con las manos en alto; “Diplomatisch Konflikt, Nein!”, los guardas obligan al autobús japonés a pasar al lado Oeste.
Una llamada urgente al puesto de mando hace que la policía, de repente, dejen a Yông en paz. Oda aprovecha para llevárselo a la Niederkinchenstraβe, había quedado en el otro lado con Katharina para que le recogiera a esa altura del Muro. Al llegar, nuestro Sumo comienza a gritar llamando a Katharina, en verdad gritan él y Oda que traduce el lamento al alemán... y su declaración de amor.
Del otro lado, al principio, no llega sino silencio. Cuando están a punto de irse, se oye un grito, el de Katharina, que desde el otro lado le contesta que ella, ella también hubiera querido poder amarle.
Son las 22:50 del 9 de Noviembre de 1989.
Yông, al escuchar las últimas palabras de Katharina, coge carrerilla y se lanza contra las alambradas previas al Muro, las atraviesa y va directo al muro al que pega un gran empujón... Como si de una ola se tratara, un extraño sonido se propaga con el tambaleo de los cimientos del mismo. Durante segundos, casi minutos, una “onda” expansiva recorre todo el perímetro del Muro de Berlín. Yông se separa unos pasos atrás, tan sólo ha abierto una pequeña grieta como para que pueda mirar y ver a Katharina al otro lado. De repente vuelve el temblor, un grupo de ciudadanos se acercan, entre todos comienzan a empujar el ladrillo, hasta hacer un hueco suficiente para que quepa Yông.
Yông se abraza a Katharina, a la que casi no se percibe a través de los brazos del Sumo.
El 9 de noviembre de 1989, los berlineses llevaron a cabo la destrucción del muro con todos los medios a su alcance; picos, palas, martillos, etc.
Y quizá, quizá también con Amor.
FIN
[1] Puede traducirse como metódico y minucioso.
[2] Levantados de las ruinas.
[3] Circulo de paja elevado donde se desarrolla el combate.
[4] Un Torneo está compuesto de 15 días a combate por día, vence quien más combates gane.
[5] Intervalo inusual para permitir a los luchadores un descanso antes de poner fin a la confrontación.
[6] Homenaje a la secuencia del autobús de “Torn Courtain”. La cortina rasgada” 1966 Alfred Hitchcock
[7] “The Great Escape” “La gran evasión” 1963 John Sturges.
viernes 16 de noviembre de 2007
2ª Parte
Publicado por
Pax
en
22:23
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2 comentarios:
Un final feliz...de los que a mi me gustan. Menos mal, porque ya hay bastantes finales malos en la vida real.
Ya estoy esperando el siguiente. ¿¿¿Cuando???
Buena la trampa de la Gran Evasión, al final, cuando los pillan en el tren.
y final feliz. ¿quizá con amor?
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